Logo Portal Odontólogos
Sección Odontólogos

Inteligencia Emocional del Odontólogo

Publicado el: 20 de Diciembre de 2021

El psicólogo Daniel Kahneman, Premio Nobel en Ciencias Económicas, confirma con sus estudios que la gente prefiere hacer negocios con una persona que les da “buenas vibraciones” y confianza, que con alguien que no se las da, incluso si esa persona les está ofreciendo un mejor producto a un precio inferior.

¿Estás de acuerdo?

Piensa en la última vez que compraste algo de valor como un piso, un coche o un laptop de Apple.

¿Cómo era el vendedor?

¿Te causó buena impresión?

¿Te generó confianza inmediatamente?

La mayoría de la gente responde que sí a esta pregunta.

Y es que la ciencia ha demostrado que los vendedores con habilidades para relacionarse con sus clientes potenciales siempre obtienen mejores resultados que los que carecen de ellas.

Así que, tú que te lanzas al mundo empresarial en odontología, con un entorno tan competitivo como el actual, no puedes dejar de lado tu IE.

Necesitas trabajar tu inteligencia emocional para sentirte mejor en tu día a día, para comunicarte con éxito con tu círculo social y profesional y, sobre todo, para que tenga el éxito que te mereces como odontólogo y como empresario.

 

Cómo desarrollar la Inteligencia Emocional en Odontología

La comunicación entre tus “cerebros” (el emocional y el racional) es el origen físico de la inteligencia emocional.

¿Cómo funciona?

Todo empieza cuando tus sentidos primarios establecen una conexión con la parte frontal de tu cerebro para pensar racionalmente acerca de la experiencia que están viviendo.

Sin embargo, antes de que esto suceda, van a pasar por tu sistema límbico, el lugar donde se generan las emociones.

Así pues, tenemos una reacción emocional a los acontecimientos que vivimos, antes de que nuestra mente racional tenga la oportunidad de participar.

Y para que exista un nivel alto de Inteligencia Emocional, debe existir una comunicación efectiva entre los centros racionales y emocionales del cerebro.

Comunicación que, como comentaba, se puede fomentar.

Te explico.

Necesitamos jugar con la plasticidad de nuestro cerebro.

Es decir, su capacidad para cambiar.

A medida que vamos descubriendo y practicando nuevas habilidades de IE, los miles de millones de neuronas que forman el camino entre los centros racionales y emocionales de tu cerebro crean pequeñas “ramas” para alcanzar las otras células.

Una sola célula puede llegar a crear 15.000 conexiones con sus células vecinas.

Cuantas más conexiones desarrolles, más fácil va a ser desarrollar una nueva habilidad o comportamiento en el futuro.

Y en breve, y sin apenas darte cuenta, vas a responder a tu entorno con esa nueva capacidad que tú y tus neuronas habéis desarrollado.

¿Y qué le sucede a tu comportamiento antiguo?

Fuera.

Descartado.

Estas 10 acciones concretas te ayudarán a desarrollar tu Inteligencia Emocional (sin importar tu edad).

 

1. Trabaja tu empatía.

Estamos programados para juzgar a los demás.

No lo hagas.

Repite este mantra siempre que caigas en la tentación de ponerle una etiqueta a alguien: “No voy a juzgar su camino porque no he andado con sus zapatos”.

Desarrolla tu capacidad de ponerte en el lugar del otro y ser capaz de sentir lo que el otro está sintiendo.

 

2. Conócete mejor.

Esa es la base de todo.

¿Cómo reaccionas ante ciertas situaciones?

¿Qué es lo que te hace sentir mejor?

¿Qué es lo que no soportas de ti mismo?

¿Y de los demás?

¿Qué te motiva?

¿Qué te hunde?

Te animo a crear una lista en Google Drive de todo lo que te gusta, lo que te apasiona, y lo que no toleras.

Es una forma extraordinaria de conocerse mejor y ser más empático con los demás.

“Plásmate” en papel virtual o real.

Describe emociones, sentimientos, pensamientos, etc. frente a las distintas situaciones que protagonizas en tu día a día.

Esto te hará ser más consciente de cómo eres y cómo actúas, lo que te dará la llave para gestionar y manejar todo lo que no suponga un beneficio para ti.

 

3. Entrena tus “destrezas sociales”.

Ser emocionalmente inteligente significa reconocer las emociones de los demás e intentar que esa relación sea beneficiosa y productiva para las dos partes.

Ser emocionalmente inteligente significa pasar diez minutos más con ese miembro de tu equipo al que le supera el nuevo programa de gestión de clínica que habéis instalado y se siente ineficaz.

Ser emocionalmente inteligente significa buscar el bienestar de los demás tanto como el tuyo.


 4. Gestiona tus impulsos.

¡Ay! ¡Esos impulsos! ¿A que te llevan por el camino de la amargura?

A mí, a veces, también.

Pero hay que aprender a dominarlos.

Porque la persona emocionalmente inteligente piensa antes de actuar.

Necesitas autorregularte emocionalmente.

No puedes dejar que las emociones te arrastren.

Sí, desahógate todo lo que quieras en casa, pero ¡no dejes que te gobiernen esas emociones en la clínica!

 

5. Potencia tu motivación.

Que no te engañen.

Cuanto más grande sea tu esfuerzo, mayor será la recompensa.

No hay atajos.

Lo que cuenta es que estés motivado para llegar a tu meta.

Una persona emocionalmente inteligente invierte toda su fuerza de voluntad y se mantiene motivada incluso en los momentos más difíciles.

No deja de intentarlo nunca.

 

6. Trabaja tus niveles de felicidad.

Y aquí hay que hacer un matiz importante.

No (siempre) por tener más vas a ser más feliz.

Pero sí que vas a serlo dando más.

Cuanto más bienestar, alegría, energía y good vibrations transmitas a los demás, mejor te vas a sentir en tu vida personal y profesional.

Y el día que hayas conseguido tus metas, no olvides que dando y compartiendo es como realmente se siente uno feliz.

 

7. Amplia tu vocabulario (emocional).

Sólo hay cuatro emociones básicas a partir de las cuales se crean todas las demás:

Alegría.

Tristeza.

Enfado.

Miedo

Aunque algunos autores añaden sorpresa y angustia.

Cuando intentes reconocer tus emociones no te quedes sólo con ellas. No basta con decir “He identificado mi emoción y es el enfado”.

No.

Debes ser lo más específico posible.

Los nombres que pongas a tus emociones te ayudarán a entender cómo te estás sintiendo y por qué.

No digas “Estoy enfadado” si las palabras que mejor describirían tu estado emocional serían decepcionado, frustrado, traicionado, rabioso o herido.

Sé concreto.

Tener un vocabulario rico con el que describir exactamente tus sentimientos es muy importante.

No dominar el lenguaje limita el conocimiento de lo que estás experimentando, creando la sensación de que no sabes lo que te pasa.

Puedes comenzar con este libro escrito para niños: el emocionario. Un diccionario de emociones extremadamente útil para niños y adultos.

 

8. No te juzgues.

Las emociones tienen una única función: darte información sobre lo que está ocurriendo.

Si pudieras reprimirlas estarías a ciegas y no sabrías cómo reaccionar.

¿Te imaginas? Seria tremendo.

Las emociones negativas te previenen. No luches contra ellas.

Debes entenderlas y obtener toda la información posible para enfrentarte al reto del que te están alertando.

El miedo te avisa de que no tienes recursos para abordar lo que esta? sucediendo. Refleja una desproporcio?n entre la situación y los recursos con los que cuentas.

El enfado lo sientes cuando vulneran tus derechos o necesidades. Te empuja hacia el ataque o la defensa para hacerte respetar.

La tristeza te indica la pérdida de algo valioso para ti y te prepara para superar esa ausencia.

La alegría aparece cuando algo te resulta agradable y te motiva a experimentarla de nuevo con conductas que vuelvan a generarla.

Tus emociones no son algo “bueno” o “malo”, sino una extraordinaria fuente de información que te ayudará a ser más consciente de ti mismo.

 

9. Controla lo que piensas para controlar cómo te comportas.

Muchas personas se excusan diciendo que determinados momentos “pierden el control” y no son dueños de sus actos. Pero sólo tienen razón en parte.

Los sentimientos son el resultado de la emoción y de lo que piensas sobre esa emoción.

No puedes evitar la emoción, pero sí puedes modificar tus pensamientos al respecto.
 

La próxima vez que sientas una emoción, presta atención porque significa que en breve te va a invadir un pensamiento. Decide entonces qué pensamiento quieres tener y cómo deseas comportarte.

Y si todo falla, existen algunas otras técnicas de emergencia que pueden ayudarte:

Si estás muy nervioso o ansioso, refréscate la cara con agua muy fría e intenta que te dé el aire. Se ha comprobado que el frío puede reducir la ansiedad.

Evita las bebidas con cafeína. Los estudios evidencian que incrementan tu nerviosismo y niveles de ansiedad.

Haz ejercicio. Se ha demostrado científicamente que reduce la ansiedad y mejora la confianza en ti mismo.

Duerme lo necesario. Cuando duermes, generas endorfinas y reduces los niveles de cortisol, la hormona del estrés. Por eso cuando no has dormido bien estás más irritable.

 

10. Lleva un diario emocional (el efecto Bridget Jones).

Otra forma muy práctica y eficaz para mejorar tu inteligencia emocional es apuntar en una libreta tus sentimientos diarios.
 

Los escáneres cerebrales han demostrado que escribir tus emociones en una libreta reduce la actividad de la amígdala, responsable de la intensidad emocional.

Este beneficio fue especialmente evidente en el género masculino, y todavía más cuando fueron escritas a mano en lugar de tecleadas en un ordenador.

 

10+1. Expresa tus emociones de forma asertiva.

Una vez sabes identificar y poner nombre a tus emociones, el siguiente paso es aprender a expresarlas sin efectos adversos mediante la asertividad.

  • La fórmula general es “Me siento X (emoción) cuando haces Y (conducta) en la situación Z”, teniendo en cuenta lo siguiente:
  • Define concretamente la emoción X (controlado, asustado, entusiasmado…)
  • Expresa tu emoción en primera persona.
  • Comunica la conducta que te provoca esa emoción, no las intenciones (no juzgues).
  • Termina expresando lo que necesitas.
  • Evita usar frases que empiecen por “Tú” y continúen con un juicio o acusación.
  • Vamos a verlo con un ejemplo.
  • En este caso con un mensaje que tú podrías recibir por parte de tu recepcionista o de tu higienista.

“Me siento poco valorado porque llevo 5 años sin aumento de sueldo en la clínica a pesar de toda mi dedicación”.


Fuente: Gaceta Dental